Jesús Copeiro nos acerca las Historia de esta Valverdeña afincada en Francia.
Cristina Castilla Mojarro nació en Valverde el 6 de agosto de 1977, hija de Antonio Castilla y de María del Carmen Mojarro. Estudió en el colegio José Nogales (donde su padre ejercía de maestro) y en el Instituto Diego Angulo. Se graduó en ingeniería química por la Universidad de Huelva y en 2005 viajó a Clermont- Ferrand con una beca Erasmus para ampliar estudios. Allí conoció a su actual marido, Pierre Bussiere, químico y actualmente profesor adjunto de dicha Universidad, un tipo simpático que habla muy bien español. Viven en un piso a diez minutos del centro. Llevo siete años en Francia -afirma Cristina Castilla- y actualmente trabajo en los laboratorios del hospital de Clermont-Ferrand, como ingeniero en el tema de calidad.
Clermont-Ferrand
Es una ciudad industrial de 500.000 habitantes, muy conocida porque el Sr. Michelín es de aquí. Se la conoce como la ciudad Michelín. Es completamente llana, muy agradable, segura y tranquila, de gente amable, situada en el Macizo Central, en el centro justo de Francia y rodeada de antiguos volcanes, entre ellos el Puy-de-Dôme, el más célebre, por eso la piedra de los edificios es negra, como los sillares de su catedral. Hay lagos muy bonitos en los cráteres volcánicos y la región posee muchos bosques. Con la madera de sus robles se construyen precisamente los toneles y barriles para la crianza de bue- nos vinos (Bordeaux o Bourgogne). Muy cerca se halla Vichy con su balneario, su agua medicinal y sus cosméticos. Es también la región de los quesos, con una gran variedad, entre ellos el queso azul de Auvernia (Auvergne), comarca a la que pertenece esta ciudad.

Cuenta con diez teatros, una ópera e infinidad de celebraciones culturales como un festival de jazz, otro de cortometrajes y hasta una semana de cine hispánico. Esto último se debe a la cantidad de españoles que residen aquí, muchos de ellos exiliados o hijos de exiliados, que mantienen hasta una Peña Taurina. También hay dos restaurantes españoles: Pata Negra, con espectáculo flamenco y Dos Hermanas, ambos catalanes a pesar de los nombres. La primera comunidad extranjera es la portuguesa, seguida de la española y de la norteafricana. Como dato curioso diré que aquí se juega mucho al rugby, siendo el equipo de Clermont el campeón de Francia del año pasado y bicampeón de Europa este año.
Hacia el final del verano, en los meses de agosto y septiembre, nos gusta salir a pasear y buscar setas en el bosque. Podemos encontrar boletus, cantarelas, rosiñoles....También nos gusta salir de Clermont, de vez en cuando, para ver espectáculos o exposiciones en Paris y visitar algunos de los sitios más conocidos de Francia, como los castillos del Loira, La Rochelle, Toulouse…
CLIMA
El clima es extremo, podemos tener 15º bajo cero en invierno con deportes de nieve en la montaña, en la estación de esquí de Super Besse. En verano tenemos algunos días 30º, luego rompe la tormenta y llueve, baja la temperatura, sube de nuevo, aparecen de pronto las nubes y vuelta a llover e incluso llega a granizar. Así de caprichoso es el verano. Debido al frío, la vida no se hace en la calle sino en las casas. Los fines de semana nos reunimos en las viviendas de unos y otros para cenar, a veces nosotros invitamos y otras nos invitan. Al principio lo encontré un poco raro pero después de haber pasado el primer invierno aquí, con temperaturas tan bajas, lo entendí perfectamente. Por eso en invierno no hay nadie en las calles y en verano los franceses se recogen pronto. Todo va adelantado respecto a la vida en España, así el almuerzo es a las 12 del mediodía y es más ligero que la cena, que es la comida principal y ésta se hace entre 7 o 7,30 de la tarde. A esa hora empieza el telediario provincial, a las 8 el nacional y a las 8,30 se dan las películas, que terminan entre 10 o 10,30, hora de ir a la cama.

VINO, QUESO y PAN
Empezaré diciendo que la comida francesa es muy buena, se come bien y se la da mucha importancia. No se cocina con aceite, sino con mantequilla, mucho vino y mucha nata, son pues platos calóricos. Un plato típico es el “coq au vin” (gallo al vino), un tipo de estofado con mucho tiempo de cocción. Otro plato es la gratin dauphineis: patatas gratinadas en distintas capas, con nata y queso entre medias o el aligot: puré de patata y queso. La charcutería es va- riada, hay salchichones de todo tipo: salchichón con arándanos, salchichón con nueces y hasta salchichón de carne de burro.
Se suelen tomar dos platos y luego se come el queso antes del postre. Así todos los días. En cada casa hay siempre tres o cuatro quesos distintos. Por eso una comida puede durar muchísimo tiempo. Se come con vino, apetece más por el frío y se consume más que la cerveza, que se deja para el aperitivo, al igual que los anisados (Ricard, Pernod, Pastis) llamados aquí “apéritifs” y que son el equivalente a nuestro aguardiente Zarza Mora. Hay mucha variedad de tintos, ligeros, fuertes, dulces. El vino es una cultura. Es tal la variedad de vinos y quesos que se suele decir: “Tenemos un vino para todos los días y un queso para todos los días”. Hay muchísima variedad de pan, se come mucho pan y se le da mucha importancia.
Francia es el país de los 300 quesos. La región donde vivo “Auvergne” es conocida como el país verde y quien dice verde dice vacas y quien dice vacas dice leche y quesos. Bueno y también carne, pues aquí los chuletones son magníficos. Tenemos cuatro tipos de quesos con denominación protegida: Cantal, Fourme d’Ambert (queso azul), Bleu d’Auvergne (otro azul) y el Saint-Nectaire. Este último es toda una institución, ya que ha ganado varias veces la medalla de oro como mejor queso de Francia.

Nuestra tortilla francesa es originaria de aquí, pero la forma de doblarla es diferente. Cada vez que hago una tortilla de patata o un gazpacho, tengo mucho éxito. En los bares no hay tapas, sólo son lugares para beber. En los restaurantes hay menús de distintos precios, pero ninguno de ellos incluye bebida. Son las bebidas precisamente las que encarecen el precio final. Los productos básicos como la leche o el pan son más caros que en España y la vida resulta cara, incluso para los franceses. La crisis también ha llegado a este país y se han cerrado algunas fábricas, incluso la Michelin tiene problemas.
¿Paté o foie gras?
Otro gran icono de la gastronomía francesa es el foie-gras. El foie-gras es hígado de pato u oca, no hay que confundir con el paté. Para fabricar el foie-gras se utiliza un lóbulo entero de hígado, intentando que no se rompa; los trozos que sobran se trituran y con ellos se hace el paté. Cuando llegué aquí pensaba que el paté era mejor que el foie-gras (el foie-gras me recordaba mis meriendas con la piara), pero cuando ves los precios y sobre todo cuando los pruebas comprendes rápida- mente la diferencia. El foie gras es la parte noble del hígado de pato, un producto caro y de más calidad; se diferencia del paté en que éste tiene otros ingredientes y aditivos.
Idioma
Llegué a Francia sin saber francés y aquí lo aprendí a hablar. Después me apunté a clases para poder escribirlo porque el francés escrito y el hablado no tienen nada que ver, es un poco como el andaluz. ¡Se comen muchas letras cuando hablan! El francés es una lengua latina como la nuestra y muchas palabras se parecen mucho cuando las vemos escritas, pero existen otras con las que hay que tener cuidado, ya que como dicen los franceses son “falsos amigos”. Son palabras que se escriben igual pero que en cada país tiene una significación bien especifica como por ejemplo: Constipado/constipé. En español constipado es resfriado y en francés estreñido. Así, este tipo de palabras pueden ponerte en un aprieto. Aquí en Francia me siento muy bien, pero todos los años vuelvo a Valverde por Feria y Navidad para visitar a mis padres y hermano, y disfrutar de las vacaciones con familiares y amigos.













