Francia. Cristina Castilla Mojarro
Jesús Copeiro nos acerca las Historia de esta Valverdeña afincada en Francia.
Cristina Castilla Mojarro nació en Valverde el 6 de agosto de 1977, hija de Antonio Castilla y de María del Carmen Mojarro. Estudió en el colegio José Nogales (donde su padre ejercía de maestro) y en el Instituto Diego Angulo. Se graduó en ingeniería química por la Universidad de Huelva y en 2005 viajó a Clermont- Ferrand con una beca Erasmus para ampliar estudios. Allí conoció a su actual marido, Pierre Bussiere, químico y actualmente profesor adjunto de dicha Universidad, un tipo simpático que habla muy bien español. Viven en un piso a diez minutos del centro. Llevo siete años en Francia -afirma Cristina Castilla- y actualmente trabajo en los laboratorios del hospital de Clermont-Ferrand, como ingeniero en el tema de calidad.
Clermont-Ferrand
Es una ciudad industrial de 500.000 habitantes, muy conocida porque el Sr. Michelín es de aquí. Se la conoce como la ciudad Michelín. Es completamente llana, muy agradable, segura y tranquila, de gente amable, situada en el Macizo Central, en el centro justo de Francia y rodeada de antiguos volcanes, entre ellos el Puy-de-Dôme, el más célebre, por eso la piedra de los edificios es negra, como los sillares de su catedral. Hay lagos muy bonitos en los cráteres volcánicos y la región posee muchos bosques. Con la madera de sus robles se construyen precisamente los toneles y barriles para la crianza de bue- nos vinos (Bordeaux o Bourgogne). Muy cerca se halla Vichy con su balneario, su agua medicinal y sus cosméticos. Es también la región de los quesos, con una gran variedad, entre ellos el queso azul de Auvernia (Auvergne), comarca a la que pertenece esta ciudad.

Cuenta con diez teatros, una ópera e infinidad de celebraciones culturales como un festival de jazz, otro de cortometrajes y hasta una semana de cine hispánico. Esto último se debe a la cantidad de españoles que residen aquí, muchos de ellos exiliados o hijos de exiliados, que mantienen hasta una Peña Taurina. También hay dos restaurantes españoles: Pata Negra, con espectáculo flamenco y Dos Hermanas, ambos catalanes a pesar de los nombres. La primera comunidad extranjera es la portuguesa, seguida de la española y de la norteafricana. Como dato curioso diré que aquí se juega mucho al rugby, siendo el equipo de Clermont el campeón de Francia del año pasado y bicampeón de Europa este año.
Hacia el final del verano, en los meses de agosto y septiembre, nos gusta salir a pasear y buscar setas en el bosque. Podemos encontrar boletus, cantarelas, rosiñoles....También nos gusta salir de Clermont, de vez en cuando, para ver espectáculos o exposiciones en Paris y visitar algunos de los sitios más conocidos de Francia, como los castillos del Loira, La Rochelle, Toulouse…
CLIMA
El clima es extremo, podemos tener 15º bajo cero en invierno con deportes de nieve en la montaña, en la estación de esquí de Super Besse. En verano tenemos algunos días 30º, luego rompe la tormenta y llueve, baja la temperatura, sube de nuevo, aparecen de pronto las nubes y vuelta a llover e incluso llega a granizar. Así de caprichoso es el verano. Debido al frío, la vida no se hace en la calle sino en las casas. Los fines de semana nos reunimos en las viviendas de unos y otros para cenar, a veces nosotros invitamos y otras nos invitan. Al principio lo encontré un poco raro pero después de haber pasado el primer invierno aquí, con temperaturas tan bajas, lo entendí perfectamente. Por eso en invierno no hay nadie en las calles y en verano los franceses se recogen pronto. Todo va adelantado respecto a la vida en España, así el almuerzo es a las 12 del mediodía y es más ligero que la cena, que es la comida principal y ésta se hace entre 7 o 7,30 de la tarde. A esa hora empieza el telediario provincial, a las 8 el nacional y a las 8,30 se dan las películas, que terminan entre 10 o 10,30, hora de ir a la cama.

VINO, QUESO y PAN
Empezaré diciendo que la comida francesa es muy buena, se come bien y se la da mucha importancia. No se cocina con aceite, sino con mantequilla, mucho vino y mucha nata, son pues platos calóricos. Un plato típico es el “coq au vin” (gallo al vino), un tipo de estofado con mucho tiempo de cocción. Otro plato es la gratin dauphineis: patatas gratinadas en distintas capas, con nata y queso entre medias o el aligot: puré de patata y queso. La charcutería es va- riada, hay salchichones de todo tipo: salchichón con arándanos, salchichón con nueces y hasta salchichón de carne de burro.
Se suelen tomar dos platos y luego se come el queso antes del postre. Así todos los días. En cada casa hay siempre tres o cuatro quesos distintos. Por eso una comida puede durar muchísimo tiempo. Se come con vino, apetece más por el frío y se consume más que la cerveza, que se deja para el aperitivo, al igual que los anisados (Ricard, Pernod, Pastis) llamados aquí “apéritifs” y que son el equivalente a nuestro aguardiente Zarza Mora. Hay mucha variedad de tintos, ligeros, fuertes, dulces. El vino es una cultura. Es tal la variedad de vinos y quesos que se suele decir: “Tenemos un vino para todos los días y un queso para todos los días”. Hay muchísima variedad de pan, se come mucho pan y se le da mucha importancia.
Francia es el país de los 300 quesos. La región donde vivo “Auvergne” es conocida como el país verde y quien dice verde dice vacas y quien dice vacas dice leche y quesos. Bueno y también carne, pues aquí los chuletones son magníficos. Tenemos cuatro tipos de quesos con denominación protegida: Cantal, Fourme d’Ambert (queso azul), Bleu d’Auvergne (otro azul) y el Saint-Nectaire. Este último es toda una institución, ya que ha ganado varias veces la medalla de oro como mejor queso de Francia.

Nuestra tortilla francesa es originaria de aquí, pero la forma de doblarla es diferente. Cada vez que hago una tortilla de patata o un gazpacho, tengo mucho éxito. En los bares no hay tapas, sólo son lugares para beber. En los restaurantes hay menús de distintos precios, pero ninguno de ellos incluye bebida. Son las bebidas precisamente las que encarecen el precio final. Los productos básicos como la leche o el pan son más caros que en España y la vida resulta cara, incluso para los franceses. La crisis también ha llegado a este país y se han cerrado algunas fábricas, incluso la Michelin tiene problemas.
¿Paté o foie gras?
Otro gran icono de la gastronomía francesa es el foie-gras. El foie-gras es hígado de pato u oca, no hay que confundir con el paté. Para fabricar el foie-gras se utiliza un lóbulo entero de hígado, intentando que no se rompa; los trozos que sobran se trituran y con ellos se hace el paté. Cuando llegué aquí pensaba que el paté era mejor que el foie-gras (el foie-gras me recordaba mis meriendas con la piara), pero cuando ves los precios y sobre todo cuando los pruebas comprendes rápida- mente la diferencia. El foie gras es la parte noble del hígado de pato, un producto caro y de más calidad; se diferencia del paté en que éste tiene otros ingredientes y aditivos.
Idioma
Llegué a Francia sin saber francés y aquí lo aprendí a hablar. Después me apunté a clases para poder escribirlo porque el francés escrito y el hablado no tienen nada que ver, es un poco como el andaluz. ¡Se comen muchas letras cuando hablan! El francés es una lengua latina como la nuestra y muchas palabras se parecen mucho cuando las vemos escritas, pero existen otras con las que hay que tener cuidado, ya que como dicen los franceses son “falsos amigos”. Son palabras que se escriben igual pero que en cada país tiene una significación bien especifica como por ejemplo: Constipado/constipé. En español constipado es resfriado y en francés estreñido. Así, este tipo de palabras pueden ponerte en un aprieto. Aquí en Francia me siento muy bien, pero todos los años vuelvo a Valverde por Feria y Navidad para visitar a mis padres y hermano, y disfrutar de las vacaciones con familiares y amigos.
Rumanía.César Palanco Yaque
Nació en Huelva el 24 de febrero de 1982. Su padre Aurelio Palanco es valverdeño y su madre Rosa Mª Yaque de Isla Cristina, profesores ambos ya jubilados del José Nogales y del Menéndez Pelayo, respectivamente.
Nuestro protagonista es ingeniero industrial por la Universidad Politécnica de Huelva y tras diversos trabajos recaló en AZVI, una empresa sevillana. Debido a la fuerte crisis en el sector de la construcción se paralizaron muchas obras en España -afirma César Palanco- y en mayo de 2011 me ofrecieron la posibilidad de ir a Rumanía.
CALAFAT
Llegué a Rumanía el 1 de mayo de 2011, aterricé en Bucarest y estuve tres días en la ciudad. Me llamó la atención el respeto y el cariño con que me recibieron los compañeros rumanos, siendo muy serviciales y cordiales; el desarrollo y auge que tenía esta ciudad totalmente desconocida para mí; el colorido un tanto apagado con sus días nublados y fríos; y sobre todo la diferencia en cuanto a la comida y a la falta de persianas.
Esto era quizá lo único que no llevaba bien, pues muchas mañanas despertaba con la claridad solar, acostumbrado a la oscuridad de los hogares en España. Mi destino fue Calafat, un pueblo al sur de Rumanía, a orillas del Danubio, en la frontera con Bulgaria. El camino desde Bucarest se hizo muy largo, tardamos cuatrohoras y media en coche. Es una zona deprimida de 17.000 habitantes, donde la mayoría vive de la agricultura, del ganado propio y de la poca industria textil que ha quedado. A pesar de lo humilde de la región, pude apreciar en sus habitantes una fortaleza digna de admirar para afrontar la situación y la dureza del invierno. A modo de anécdota, me llamó la atención la cantidad de cuervos negros que hay en la zona. Construimos un nudo de carreteras, con dos viaductos y dos estructuras, y un tramo de ferrocarril. A destacar la colaboración y amistad que hubo en el equipo de obra, entre españoles y rumanos. Al finalizar el trabajo quedábamos para organizar barbacoas, jugar al fútbol o hacer turismo algunos fines de semana. Aprovechamos también su situación fronteriza para visitar Bulgaria y Serbia. Incluso hicimos un viaje en barco por el Danubio.
Constania
Rumanía sorprende por su riqueza paisajística natural. Transilvania es una región rica en bosques y paisajes de película. Ciudades como Sighisoara con sus rasgos medievales, Sibiu con sus plazas “Mare si mica”, Brasov con su estilo moderno y su magnífica estación de esquí y Sinaia con sus valles y sus puertos de montaña, deben de ser parada obligada para cualquier viajero que se preste. Un fin de semana fuimos al monte Peleaga, en Transilvania y nos perdimos en el bosque después de hacer 20 km de subidas y bajadas, nos nevó en la cumbre y tuvimos que refugiarnos en una cabaña con los de salvamento. Por cierto, la noche antes hubo un oso rondando la cabaña, según contaron.
En abril de 2012, al año de mi llegada, nos adjudicaron una obra cerca de Constanta, en el Mar Negro. Se trataba de un parque eólico. Constanta es una de las ciudades más grandes del país y es por su playa un lugar de veraneo. Posee una zona llamada Mamaia con un magnifico paseo marítimo, infinidad de hoteles, chiringuitos y restaurantes, incluso puedes pasear en telecabina o darte un baño en un parque acuático cercano a la playa. Numerosas discotecas y pubs a pie de playa amenizan las calurosas noches de verano. Constanta posee un gran puerto internacional de mercancías que guarda cierta similitud con el de Algeciras. Posee también un puerto deportivo y edificios singulares, como el casino. No lejos se halla el delta del Danubio, una reserva natural protegida de gran valor ecológico.
El clima suele ser bastante duro en invierno. El año pasado alcanzamos -27º, pero las viviendas están aquí mejor acondicionadas que en España. Sólo lo pasas mal cuando estás fuera, en la calle. De todas formas no es un frío húmedo, con unas cuantas capas de abrigo se soporta. Lo peor: los ojos, la nariz y la cara, y el que puedas pasarte un mes sin ver el sol. En verano, por el contrario, las temperaturas son altas. La moneda oficial es el leu dividido en 100 bani. Un euro equivale a 4,36 leus y fluctúa poco.
Idioma y Amistades
Casi todos los españoles que conozco están relacionados con la construcción. Somos un grupo de unos 15 o 20,La mayoría de los amigos rumanos son compañeros de la empresa o conocidos de algunas subcontratas. Algunos de ellos hablan muy bien español, pues han estado en nuestro país cuando había trabajo en la construcción en los años de bonanza y ahora han vuelto debido a la crisis. El rumano suele ser muy sociable. Con la gente me entiendo en inglés, rumano y español. Aquí no doblan las películas, las subtitulan, eso ha contribuido a que la mayoría domine el inglés. Por otro lado, hay muchos que conocen nuestro idioma. En el tiempo que llevo, he aprendido a expresarme con frases y palabras básicas, en rumano. Por ello, en realidad podría decir que me defiendo con un idioma, mezclando los tres según el contexto. Si tuviera que discernir cual es el que más uso, diría que el inglés por el trabajo y en la calle, el rumano y el español.
Actualmente resido en Bucarest, una ciudad que no es famosa por su belleza, pero tiene lugares interesantes como el Palacio del Pueblo o el fabuloso Parque Herastrau. La inmensa mayoría de las chicas rumanas son rubias de pelo claro, delgadas y altas, de ojos azules generalmente. Suelen ser muy guapas y saben explotar sus virtudes dedicando horas enteras en centros de belleza. A un sector de Bucarest le interesa mucho la cultura, van al teatro, a la ópera y a conciertos de música clásica.


Gastronomía
La vida es barata en los pueblos, pero en las grandes ciudades es similar a la de España. En los restaurantes de la capital el menú diario esta en torno a los ocho euros, aunque siempre tienes la posibilidad de ir a establecimientos de comida rápida o darte algún capricho en algún libanés o italiano. Incluso tenemos un par de bares de comida española. Entre los platos típicos rumanos están: la ciorba (una sopa de legumbres, pollo o ternera que viene muy bien en invierno para hacer frente al frío), el sarmale (carne picada envuelta en hojas de col), el cascaval pane (queso empanado frito) y la mamaliga (pan de maíz).
Rumanía tiene buenos vinos, incluso algunos han sido premiados a nivel internacional, una de las marcas más conocidas es Mutfarlar. Entre los licores rumanos hay que destacar la tuica, aguardiente de ciruela con una graduación muy elevada; la palinca característica del norte de Transilvania, obtenida por destilación de ciruelas, albaricoques y peras; y el rachiu, aguardiente de orujo. Cuando hay confianza, te ofrecen en sus propias casas este tipo de licores. Se toman antes de comer, lo que contribuye a que el ambiente sea mucho más alegre y la comida resulte más amena. La cerveza es una de las bebidas más consumidas.
Acabamos de empezar una obra de ferrocarril de mayor magnitud en Sighisoara, en el centro del país y me he trasladado a la ciudad de Medias, una región vinícola y de producción de gas natural. Estamos rehabilitando una vía antigua y construyendo una nueva. Algunos fines de semana viajo a España o viene mi familia a verme a Rumanía. Mi pareja, valverdeña y maestra, pasa aquí conmigo sus vacaciones. Afrontamos el futuro con ilusión y con la esperanza de que la difícil situación cambie pronto.

Italia. Consuelo Romero Lorca
Nació en Huelva el 19 de marzo de 1987, donde sus padres el zalameño José Romero y la valverdeña MariPat Lorca residían. A los ocho años se trasladó a Valverde y allí vivió hasta los quince años pues quería estudiar en Huelva.
Desde muy jovencita sintió la necesidad de volar y descubrir el mundo. Tras diversas peripecias estudiantiles con cambio de ciudad y de carrera incluida, acabó en Sevilla estudiando Historia del Arte. Cuando hacía tercero obtuvo una beca Erasmus para cursar un año académico en Roma.
Roma
He de decir que venirme a Roma fue, desde segundo de carrera un sueño -dice Consuelo Romero- pues hubo un profesor de Arte Barroco que me hizo amar esta ciudad aún sin conocerla, y yo, que soy una romántica empedernida, metí mis sueños en una maleta (bueno en tres para ser exactos) y me trasladé a la ciudad eterna (la città eterna). Mis sueños, un poco de incertidumbre y yo, nos instalamos en una modesta habitación del barrio universitario de la ciudad, que se llama San Lorenzo y... desde el primer día sentí que Roma era mi casa. Luego conocí a
Daniele Bellesso un chico veneciano afincado aquí. Él es mi pareja, con quien proyecto mi vida y comparto mis ilusiones. Y el año se ha convertido en tres y espero y deseo que muchos más porque yo estoy muy feliz aquí.
Roma es una ciudad muy particular y llena de contradicciones Por ejemplo es desordenada, ruidosa, está llena de “guiris” y de turistas de todas las nacionalidades; las calles están rotas y a veces está sucia y descuidada; hace un calor húmedo en verano y más frío de la cuenta en invierno; hay muchísima intensidad de tráfico y contiene la monarquía absolutista más pequeña del mundo en su interior (con todo lo que eso implica). Pero Roma es también y sobre todo para mí, el sol que entra por mi ventana y me ilumina la casa; es pasear y de pronto ¡zas! estás de frente al Coliseo y retrocedes de golpe al siglo I para pasear entre las magníficas ruinas del Foro Romano y el Palatino, entre templos y palacios que un tiempo conformaron el corazón de la civilización a la que debemos en tan gran medida, nuestra propia historia y parte de nuestra identidad. Y luego, subes al Capitolio y ¡zas de nuevo! Ahora, la máquina del tiempo que es Roma te transporta al siglo XVI con Miguel Ángel y siempre paseando, llegas al corazón de Roma, al barroco, a la explosión de las formas, de la exuberancia y de la sensualidad que los romanos aún conservancomo un tesoro. Roma es también Plaza Nabona,Caravaggio, el papa polaco, el papa alemán y el papa argentino y antes que todos ellos es el papa, da igual de donde; Roma es el aperitivo después del trabajo que sustituye (a la italiana, claro está) a nuestra cervecita y las tapas; Roma es una ciudad eterna donde conviven la vida diaria de la sociedad del siglo XXI, la historia que niega a caer en el olvido manteniéndose dignamente erguida y la leyenda que rodea cada esquina, plaza o callejuela.

Los italianos
Los italianos y en particular los romanos, son mucho de mantener las formas. Es cierto, es parte de ese lenguaje barroco que la decadencia no sólo no ha conseguido borrar, sino que ellos lo fomentan y lo defienden. Sin duda, son el último bastión del hombre barroco. Fíjate como serán que, cuando llegué pensé que tenían la nariz muy grande y ahora lo que pienso es que no es que la suya sea grande, sino ¡la nuestra es una nariz pequeña! y es que tienen mucha labia, son retóricos y gesticulan muchísimo (debodecirte que se pega porque yo cuando hablo italiano comienzo a gesticular como ellos).
Y es que los italianos pueden ser muchas cosas, pero cuando escriben, son muy educados. Mantienen aún un cuidado aparente de las formas que es más que una costumbre, una obligación social. Y usan su bellísima lengua con muchísima propiedad. Pero el idioma hace que sea maravilloso escucharlos como te quieren vender la moto. Vivir en Italia te hace activar los mecanismos de alerta, eso de “este tío me está liando” y “me la quiere colar el caradura este, oye”.
Es muy divertido conocer al italiano de a pie, que es igual al italiano de clase alta pero con menos dinero y un coche Fiat Punto o Panda. Son muy simpáticos, tienen un punto descarado y cercano. Son bromistas, exagerados, remolones, presumidos (ellos más que ellas), les cuesta arrancar y les encanta hacerse los misteriosos. Es siempre parte de ese mecanismo barroco de teatralidad que se respira en esta ciudad. Ellos lo llamarían “fascino”. Son abiertos, sociables y están siempre dispuestos a charlar y a que les cuentes lo bonita que es España. Los españoles les caemos muy bien, nos consideran extrovertidos y muy amigables. En realidad compartimos algunas facetas de nuestro carácter con ellos. Cuando me preguntan, suelo decir que los italianos y los españoles somos primos hermanos. Y también son, como lo hemos sido y los seguimos siendo hoy en día nosotros, un pueblo de gente trabajadora que no duda en marcharse si hay necesidad para buscarse un futuro fuera aunque el corazón lo dejan a mitad, en Roma o en Valverde del Camino.
Trabajar y estudiar
En estos tres años a parte de analizar a la sociedad italo-romana que tanto me desespera y me encanta al mismo tiempo, he hecho muchísimas cosas. Sobre todo y de lo que más orgullosa me siento, he terminado por fin mis estudios. Los he terminado en España viviendo, estudiando y trabajando aquí. Un poco más complicado de lo normal y por eso me ha llevado más tiempo del previsto, pero todo ese tiempo lo he ganado sin duda en maduración personal y en experiencia adquirida. He trabajado sobre todo en el mundo del turismo. Como guía turística, como guía de correos (acompañando grupos de turistas por Europa e Italia); he trabajado en una agencia de viajes y dando clases de español como no podía faltar. Así, me he ido creando un círculo de amigos muy variopinto, españoles de distintos lugares, italianos del sur, del norte y del centro. Y tengo una amiga rusa y una india. ¡No me puedo quejar de la compañía! Ahora que puedo dedicarme al cien por cien a mi carrera profesional, sigo abriéndome camino en el mundo del turismo, con diferentes proyectos que poco a poco van tomando forma. Y es que aquí he descubierto que me apasiona este sector.
Vivo en un barrio muy lejos del centro en la zona más alejada y por ende, una de las más pobres. Pero es un barrio estupendo. Conozco asiáticos, africanos y algún que otro romano del barrio de toda la vida. Con estos últimos te mondas de risa porque te ponen en contacto con la Roma profunda, con la cultura del pueblo, con la gente llana, los refranes y los dichos, la vulgaridad, el humor, la espontaneidad y el afecto rudo y genuino que llevan dentro.
Un recuerdo
Como tan bien sabéis y sufrís allí, esta maldita crisis está golpeando con fuerza también a Italia y las cosas no son lo que eran hace un par de años. Se comienzan a ver los estragos de la inestabilidad económica a esta parte del Mediterráneo. Pero no quiero despedirme con un regusto amargo en la boca.
Mis abuelos maternos eran Gustavo Lorca Malavé y Angeles Calero Parreño (mi abuela tenía una peluquería y mi abuelo trabajaba entre otras cosas, con Zarza como representante después de la guerra), ellos son mis ángeles de la guarda. Mi abuela me ha enseñado muchísimas cosas. Me ha transmitido una gran sabiduría de la que ahora hago uso todos los días, consejos y experiencia que me acompañan. A ella y a los abuelos de muchos como yo, les tocaron tiempos mucho peores y supieron salir. Hay que aprender de esta y no perder jamás la esperanza, mientras tanto aquí o allí, seguimos luchando todos los días con una sonrisa en los labios.
Además, vuelvo a menudo a casa aunque sea para achuchar a mi familia y tomarme una cervecita en la plaza porque afortunadamente la distancia me lo permite.


Brasil. Ana Isabel Bermejo Freire
Jesús Copeiro nos relata las vicisitudes de esta valverdeña en Brasil el país en el que vive desde hace dos años.
Nació el 6 de octubre de1976 en Valverde, siendo sus padres Gregorio Bermejo “el escultor” y Maruja Freire. Estudió en el colegio José Nogales y trabajó luego en la industria del calzado. A los veintidós años se fue a Valencia y regresó al cabo de seis para trabajar en la manipulación de la fresa, en Lucena del Puerto y Palos de la Frontera. Conocí a Nelson Correa, mi marido, en Valverde -narra Ana Isabel Bermejo- cuando trabajaba en su profesión de mecánico de coches en los Talleres Camino.
Vivíamos juntos cuando se ofreció la oportunidad de ir a Brasil, su lugar de nacimiento. Desde allí su cuñado le animó a que volviese, ya que su país había cambiado mucho eco-nómicamente. Yo hacía año y medio que no trabajaba y tras haberme animado a acabar la ESO, en la escuela de adultos y con las ganas de aventuras que siempre tuve, me animé a ir. Viajamos a Brasil durante la Feria de Valverde de 2011.
Llegada a Brasil
Salimos de Faro y pasando por Lisboa llegamos a BrasilEn invierno, pero como el clima es tropical no lo notaba, parecía primavera. Aterrizamos en Belo Horizonte, esta-do de Minas Gerais. Desde allí fuimos a Vila Velha, la ciudad de la familia de Nelson, en el área metropolitana de Vitória (la capital del estado de Espírito Santo) y en un mes nos casamos. La madre de mi marido desciende de emigrantes italianos.
Durante casi un año vivimos en Vila Velha, a 400 km al norte de Río de Janeiro. Al principio fue un choque cultural fuerte, la gente ve al europeo muy chic. También es difícil encontrar las cosas cotidianas de España como cafeterías, que aquí llaman “lanchonetes”, donde se pueden tomar “sucos” o zumos variados de frutas, hasta cuarenta sabores de frutas y que muchas veces están dentro de las panaderías. Las calles no se encuentran tan limpias como las podemos encontrar en España y tampoco existe la costumbre de decir ¡vamos a tomar café! Claro, aquí hace mucho calor como para tomar cosas calientes y se prefieren los helados, que se venden todo el año.
En Bahía
A causa del trabajo de Nelson, en julio de 2012, nos fuimos a vivir a Eunápolis, en el extremo sur del estado de Bahía, una ciudad del tamaño de Huelva. Pero desde el 3 de ene-ro de 2013 residimos en Cruz das Almas, en un condominio muy tranquilo y céntrico, así que tengo todo a mano. Estamos a 146 km de Salvador de Bahía, la capital. De momento no trabajo y tampoco estudio porque desde que llegué, entre el idioma y los cambios de residencia, no hay tiempo para nada. Bueno, quiero preparar-me este año para acceder a la Universidad, pues mi deseo es sacar un título de medio ambiente.
Aquí en Bahía las personas son muy paradas....vamos que no les gusta mucho trabajar. Me dijeron que es por la mezcla que tienen de indio y negro. A los indios no se les puede obligar a trabajar, por-que no aceptan todavía el trato que les dieron los portugueses, trabajan cuando quieren. Va todo “muito devagar”(muy lento), parece que no hay prisa para nada....es desesperante.

Diferencia de clases
Las ciudades en general están muy pobladas y no existe envejecimiento, como en Europa, pues hay mucha población joven y las familias más pobres tienen entre tres y cinco hijos. Aunque esto cambia a medida que se asciende a la clase media y las personas consiguen un nivel de estudios superior. Sólo un 11% de la población con más de 25 años, en un país con más de 196 millones de habitantes, tiene estudios universitarios y muchos solamente hicieron hasta cuarto curso.
Las universidades federales gratuitas son muy pocas, el examen de acceso es difícil y las privadas, aunque abundan, son difíciles de costear para una población con pocos ingresos.
La diferencia entre clase pobre y clase media es todavía muy grande, sobre todo en la región nordeste que siempre enfrenta la seca y se puede llevar un año sin llover, con lo cual las pérdidas económicas son importantes. Las regiones sureste y sur son las que están mejor económicamente: São Paulo acapara la mayoría de las industrias del país, con 11 millones de habitantes, la mayor metrópolis de América latina, y la sigue Río de Janeiro con 6 millones.
La zona más rica de todo Brasil es el sur, con los estados de Paraná, Santa Catarina y Río Grande, en la frontera con Uruguay y Argentina. En el sur predomina la raza más blanca, ya que son descendientes de alemanes, españoles, austríacos, polacos, italianos y portugueses; viven con sus costumbres europeas, de casas limpias y plazas floridas. Se afincaron allí por el clima que es más frío y nada tropical, como sucede en el resto del país y en esa mezcla de razas se pueden encontrar las mujeres más bonitas de todo Brasil. Espero ir pronto a visitarlo porque dicen que el europeo se adapta mejor en esa zona.
Vida cara
La moneda de curso legal es el real brasileño y un euro equivale a 2,70 reales, aunque varía cada semana y no precisamente para bajar. La vida es cara, ya que la subida de impuestos que se produjo hace unos años fue muy grande. El brasileño trabaja cinco meses para pagar impuestos, es absurdo. Por ejemplo la botella de refresco puede costar 3,40 reales y teniendo en cuenta un salario medio mensual de mil reales es cara. La leche cuesta cerca de dos reales, absurdo para uno de los países productores lecheros mayores del mundo. El kilo de carne también es caro, los huevos más de tres reales la docena y no sólo la comida sino todo lo demás, como el champú 10 reales, televisión 900 reales, coche simple sin ABS ni aire acondicionado más de 30.000 reales, así que el dinero se va rápido. Lo bueno es que es un país donde se invierte mucho y el porcentaje de desempleo está entre un 4 y un 6%, habiendo empleo tanto para el que está cualificado como el que no. Si tienes un título universitario el salario es realmente interesante: un ingeniero de petróleo y gas gana 10.000 reales al mes.
Comida típica
Con tanta mezcla cultural se encuentra una gran variedad de platos, pero el principal y que no puede faltar es el tradicional “prato feito brasileiro” (plato hecho brasileño), a base de arroz, feijão (frijoles), carne, macarrón, farola (harina de yuca) y ensalada, todo junto en un solo plato. El arroz y los frijoles se comen todos los días; se colocan estos dos alimentos uno encima del otro y lo que varía es el tipo de carne. Se acompaña de patatas fritas o puré de patatas o de salsas. Es la comida típica de los brasileiros.
Aquí lo que abunda es la fruta, existe la misma fruta que en España pero añadiendo las tropicales como papaya, maracuyá, tamarindo, guayaba, mango, açaí, cajá, cajú, jaca, piña muy dulce y un largo etc., todas deliciosas.

Naturaleza
En cuanto al paisaje, la naturaleza es muy rica con una mata atlántica de gran belleza, muy verde y con zonas de mata fechada o cerrada. Se llama así porque es tal el cúmulo de vegetación, árboles gigantes y plantas, que paraentrar en ella hay que ir con machete, despejando el paso como en la época de la colonización portuguesa. Está todo muy protegido, en la mata viven animales salvajes que se encuentran amenazados y existen plantas curativas que solo se hallan en este país y en ciertas partes de la Amazonía. Por otra parte hay que aprender a convivir todo el año con el temido mosquito, por el clima caliente y húmedo, pero te acostumbras.

Haití. Maite Vizcaíno Callejón
Hija de Javier Vizcaíno y Gracia Callejón, Maite nació en Granada en 1979 y con seis años se traslada con su familia a Valverde por motivos laborales. Estudió EGB en Los Molinos y en María Auxiliadora, siguió su formación en el Instituto Diego Angulo y se licenció en Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de Sevilla. Trabajó en Madrid con IBM e hizo un máster de comercio exterior que le abrió las puertas a un año en la oficina de promoción exterior de la Junta de Andalucía en Buenos Aires (Argentina), como técnico de comercio internacional. Sin embargo, el mundo empresarial no es lo que más la gustaba y decidió dar un cambio para dedicarse profesionalmente a temas sociales y de cooperación, algo que ya había iniciado en su vida personal. Durante más de cinco años trabajó en una fundación dedicada a la cooperación internacional donde tuvo la oportunidad de disfrutar y aprender durante sus estancias en Marruecos, Bolivia y Ecuador, y de realizar un máster de cooperación.
En Haití
El 3 de diciembre de 2012 tomé un vuelo rumbo a Haití -afirma Maite Vizcaíno- donde actualmente resido. La extensión de este país caribeño es de 27.750 km2 (algo menor que Galicia) y su población ronda los 10 millones de habitantes. Casi una ter-cera parte de ésta vive en la capital, Puerto Príncipe, una ciudad que sin duda sobre-pasa su capacidad en muchos sentidos: habitabilidad, ser-vicios públicos, red de transporte, lo que la convierten en un lugar en el que se hace difícil vivir en condiciones dignas. Puerto Príncipe ha ido creciendo sin concierto, amontonando residencias en barrios que no tenían capacidad y poblando la montaña sin planificación urbanística alguna, lo que pone en se-rio peligro a quienes se instalan allí. El terremoto del 12 de enero de 2010 agravó esta situación al destruir las infraestructuras y no dejó más alternativa que el levantamiento en pocos días de una nueva ciudad bajo plásticos…. y sus consecuencias (basuras, aguas residuales, propagación de enfermedades).

Jacmel
Pero ni Puerto Príncipe es solo eso, ni Haití es solo Puerto Príncipe. PaP, como se la conoce, es una ciudad viva, con cierta oferta cultural y de ocio, con gente trabajadora que intenta hacerse un hueco. Y como digo, en Haití también se encuentra Jacmel, donde vivo, una bonita y tranquila ciudad en la costa sur, a unos 100 km de la frontera con República Dominicana. El aquí llamado mar de las Antillas (mar Caribe) da forma a sus playas. Los cocoteros que parecen querer alcanzar el cielo azul son parte del paisaje. Sus edificios coloniales, aunque bastante afectados por el terremoto, dan un aire de melancolía y recuerdan un pasado mejor. Sus niñitas que van o vienen del cole con la cabeza llena de lacitos te hacen sonreír. Disfruto observando el ritmo de la vida; la imagen típica de las mujeres en los bordes de las calles con barreños, cubos y lo que haga falta en sus cabezas; sonrisas blancas, grandes; el mar ce-leste intenso; muchas cabras, gallos y algún cerdo y alguna vaca por todos lados. Me gusta vivir también con 12 horas de luz eléctrica (en la oficina hay luz siempre) y me da cierto orgullo haberme relajado con las normas de seguridad alimentaria (lavado de frutas y verduras, ingesta de carnes y pescados, cubitos de hielo).Me encanta estar aquí.
ONG
Participo en un proyecto europeo de una ONG española (Solidaridad Internacional). Mi función principal es la elaboración de un sistema de seguimiento de la situación de seguridad alimentaria. Haití se enfrenta a un problema alimentario, ya que la existencia de alimentos y el acceso a los mismos no se dan para gran parte de la población. Por esto, y porque gran parte de la población depende de la agricultura, en una zona don-de las tierras de cultivo están muy afectadas por la deforestación y la fuerza del agua, trabajamos en tres frentes: medio ambiente, producción agrícola y sociedad civil.
Transporte urbano
Tuve la suerte de encontrar casa a unos cien metros de la oficina, lo que, entre otras ventajas, me permite ir andando. El transporte inter-urbano por excelencia en la ciudad son las mototaxis, en las que normalmente van dos personas y el conductor, aunque he llegado a ver hasta cinco pasajeros. El precio es de 0,25 euros. Por prudencia y comodidad, yo suelo ir sola. Otra opción, si sales del centro y te alejas un poco de Jacmel, son los taptaps, que son pick-up adaptados y coloridos, donde junto a más de una docena de personas pueden mezclarse sacos de cereales, carbón, sillas, animales, etc. No es común que los blancos usen taptaps, pero a mí me gustan, porque permiten entablar alguna conversación, tocar de alguna manera la vida haitiana, compartir un rato. Y creo que a ellos les hace gracia vernos ahí. “Huy, aquí hay muchos blancos” dijo un haitiano cuando subió y me vio junto a un par de colegas.

Idioma
Volviendo a mi día, el hora-rio de trabajo es de 8 h a 18 h, con una flexibilidad lógica y con el tiempo que necesitemos para comer. En la oficina somos 8 personas haitianas, 4 españolas, 1 alemán, 1 francés y 1 italiano. El idioma oficial de trabajo es el francés, con la gente española hablo en español, salvo si está presente alguna persona haitiana, situación en la que cambiamos al francés, aunque entre ellos hablan creol, y mis compañeros francés y alemán hablan entre sí a menudo en inglés. Leo documentos en español y francés principalmente aun-que también se cuela alguno en inglés, y por falta de conocimientos no descifro otros que me llegan en creol. Pero pronto me atreveré porque voy a clases de este idioma desde hace tiempo.
Comida
Las comidas pueden ser un poco monótonas, pero son más nutritivas que en otros países en los que he estado. El arroz forma parte de la dieta básica y principal. Suelen mezclarlo con judías rojas, y a veces añaden pescado, pollo, cabra o ternera. Los espaguetis son también muy comunes para desayunar, aunque los blancos lo tomamos a medio día. Hablando del arroz, tengo que hacer al menos una breve referencia al control que Estados Unidos tiene sobre Haití y afirmar que la situación de pobreza y el colapso económico en que se encuentra, se deben en gran parte al dominio imperialista. Un ejemplo: hasta los años ochenta Haití producía arroz suficiente para alimentar a su población e incluso lo exportaba, pero tras el golpe de estado de 1991, sostenido por Estados Unidos, este país obligó a Haití a importar arroz estadounidense subvencionado, destrozando así la economía, y la vida, en este maltratado país.

Despedida
Respecto a “la distancia”, la llevo bien. El primer mes se hace difícil pero luego me adapto y hago de donde estoy, mi sitio. Echo de menos a mi gente y a mi pareja, y siento perderme acontecimientos (el no poder estar en el nacimiento de mi primera sobrina), pero cuando vuelvo tengo la sensación de que han guardado mi silla y me reengancho a lo que dejé. Dejo temas sin tocar como la música, el orgullo haitiano, un poco de historia, viajes que he hecho, la cooperación… pero creo que ya es momento de terminar. Mando un abrazo a mis niñas principalmente, de las Salesianas primero y del Instituto después, porque son protagonistas de una época de mi vida, y saben que a pesar del tiempo y la distancia siguen siendo importantes para mí. Y a mi familia, que siempre está ahí.

Dubai. Alberto Reinoso
Nacido en Valverde el 11 de septiembre de 1986, este joven polifacético a sus 26 años ha recorrido ya medio mundo.
De estudiante en el Diego Angulo a un grado medio de cocina de dos años en Punta Umbría; de dependiente en una boutique de lujo en la calle Serrano, en Madrid, a cocinero en Londres; de un curso de auxiliar de vuelo en Barcelona a cocinero en El Rompido con José Duque. El 8 de octubre de 2011 pasó en Sevilla las pruebas para trabajar como auxiliar de vuelo en Emirates.
El 30 de enero de 2012 –dice Alberto Reinoso- llegaba de madrugada a Dubai con cuatro españoles más.
Con esta compañía aérea ha recorrido todos los continentes en poco más de un año.
Emirates Airlines
Una vez en Dubai hicimos un curso para la formación de empleados de seis semanas de duración, en un Training College, un edificio de diez plantas con instalaciones modernas. Está dotado de simuladores de avión, comedores, cientos de aulas, salas de conferencias, etc.
Fue un curso intensivo a base de materias sobre seguridad, medicina y primeros auxilios, trato al público, imagen y uniforme, tipos de aviones de la flota aérea, etc. Pasado el curso ya puedes volar. Si el vuelo dura menos de 5 horas, regresamos a Dubai para dormir.
Pero también hay rutas largas de siete u ocho días, en este caso tras pasar por distintas franjas horarias se pierde la noción del tiempo y no sabe uno ni cómo se llama, ni dónde vive.
Tenemos un mínimo de 14 días de descanso al mes por ley. En el curso nos dijeron que intentáramos llevar una dieta equilibrada, hacer deporte y dormir regularmente (cuando se puede, pues hay veces que volamos a las 3 de la tarde y otras a las 3 de la mañana). Es un horario muy dispar, ya que el aeropuerto de Dubai nunca cierra. Permanece abierto las 24 horas, lo que significa que tenemos que trabajar cuando toque.

Dubai
Es una ciudad que impresiona mucho, desde el aire ves el desierto y de repente aparecen edificios, muchos edificios, edificios enormes. A los dubaitíes les encanta lo ostentoso. El edificio más alto del mundo, el Burj Khalifa, está allí; el centro comercial más grande del mundo, el Dubai Mall, se halla allí; los hoteles más lujosos del mundo se encuentran allí; y allí está también la fuente más grandes del mundo, la Dubai Fountain, con sus chorros de colores y su música, un atractivo para los turistas.
Las calles no tienen nombre a excepción de las importantes.La avenida principal es la Sheik Zayed Road (jeque Zayed), tiene varios kilómetros, atraviesa la ciudad y posee ocho carriles por cada lado, todo a lo grande. Eso sí, el tráfico es una locura y los coches van de un carril a otro sin avisar. Los coches son americanos y japoneses, grandes y baratos, la gasolina también lo es, puedes llenar el depósito con 18-20 euros. Un dato significativo es que prácticamente no hay paro.
Al contrario de lo que mucha gente piensa, Dubai es una ciudad con mentalidad abierta, moderna y progresista, claro, siempre con sus principios presentes, ya que hablamos de un país árabe. La mujer árabe tiene aquí libertad de elegir si quiere llevar velo o no. Las chicas europeas visten como en sus países de origen.
Me sorprendió mucho el trato que dan a la mujer. Hay taxis solo para mujeres, vagones de metro solo para mujeres… cosas así, que nunca hubieras esperado de un país como éste. Las mujeres están muy bien cuidadas, no como se piensa en occidente.
Los empleados de Emirates vivimos en edificios propiedad de la compañía con todo tipo de comodidades, como por ejemplo gimnasio y piscina en la terraza. La mayoría de los edificios de la ciudad son así.
Comparto apartamento con un compañero chipriota y las chicas comparten los suyos, no mezclados. Si no estás casado no puedes vivir con una compañera. Pero a los casados, la compañía les da un dinero extra por si quieren buscar acomodo fuera de los edificios de la compañía.
Hay muchos matrimonios entre las 140 nacionalidades que existen en Emirates. Es increíble las mezclas que puedes llegar a encontrar.
Hay numerosas mezquitas en la ciudad, por cierto, una cercana a mi piso. Los musulmanes rezan cinco veces al día y uno de estos rezos se realiza a las 4,30 h de la mañana. Como hay altavoces en los minaretes, el rezo te despierta, pero termina uno acostumbrándose.

Emiratos Árabes
Dubai es uno de los siete emiratos que componen los Emiratos Árabes Unidos. Se halla en el golfo Pérsico, fue colonia británica, tiene mucha influencia inglesa y por eso todo el mundo habla inglés.
Cada emirato tiene su jeque y hay un jeque que manda en todos ellos: el jeque de Abu Dabi, pero todos los jeques son de la misma familia, una familia poderosa, la familia Al Maktoum. Dubai se mantiene del turismo y de la construcción, y aunque inicialmente empezó con el petróleo, esta industria va decayendo. El 80% de la población son expatriados (europeos, americanos, australianos), pero la mano de obra para la construcción procede de India y Pakistán, y viven hacinados en barracones fuera de la ciudad.
Hay muchos residentes británicos, incluso los altos cargos de Emirates son ingleses. Los nacionales, los propios dubaitíes, tienen una paga mensual aunque no trabajen y muchos no trabajan, no hay necesidad, el salario lo reciben desde que nacen hasta que mueren. Tengo un buen amigo local y en ocasiones me lo ha comentado, trabaja porque se aburre, no porque lo necesite.
Dunas y playas
Dubai es un territorio pequeño que se puede recorrer en un par de horas en coche. En el tiempo libre hacemos rutas por el desierto, un desierto bonito a base de dunas.
También voy a las playas, muchas de ellas artificiales con arena traída de otros lugares. Las mujeres árabesno usan bikini, sino vestidos de colores que cubren el cuerpo desde el cuello a los pies, dejando ver solo la cara y las manos. Nosotros generalmente salimos con chicas europeas, australianas o americanas.
El clima es muy caluroso. Los meses de verano, julio y agosto, son terribles, la temperatura es de 40º a 50º y la humedad del 90%.
En esos meses la vida se hace en casa, hasta pides la compra al supermercado por teléfono o internet para que te la lleven. Si sales a la calle estás siempre sudando, es muy desagradable, no puedes respirar, hay que refugiarse en los centros comerciales.
En ellos puedes ir de tiendas, ver espectáculos, ir al cine, las películas siempre en versión original con subtítulos en árabe. Y los cines, como siempre, los más grandes del mundo. A finales de septiembre se hace ya vida normal en el exterior, baja un poco la temperatura y puedes disfrutar en la playa y al aire libre.

Comida y alcohol
En Dubai son típicas las barbacoas de ternera, cordero o pollo, marinadas con una salsa y servidas como si fueran pinchos morunos. Otro plato típico es el hummus, una pasta de garbanzos que se come con pan de pita. Las lonjas ofrecen pescado fresco: doradas, lubinas y langostinos enormes. Es típica la leche de camello, tiene un sabor fuerte y se adquiere en el súper. Para adquirir alcohol hay que tener permiso, no hay venta libre, hay que sacar una licencia, disponer de una tarjeta y se compra en sitios específicos. El te árabe es fuerte y negro, hay que tomarlo acompañado de unos dátiles muy sabrosos.
El contrato es por tres años prorrogables y como la compañía está en expansión, hay trabajo seguro. Seguiré aquí mientras la situación en España no mejore, de momento estoy muy contento.
Ya he recibido la visita de mis padres Juan Reinoso y Pepi Abián, mi hermana Belén y de algún amigo de Valverde, cosa que da fuerza, aunque intento volver a casa cada vez que puedo.

Italia. Ilde Mena Quintero
Nació en Valverde del Camino el 7 de septiembre de 1960. Su madre murió cuando Ilde era niña. Tuve la inmensa suerte de tener a su padre Fabián “el Mena” a mi lado, un gran compañero y mejor persona, en los trabajos de campo que la Empresa Nacional Adaro de Investigaciones Mineras realizaba en la provincia de Huelva.
Pero fueron años difíciles para ella y de necesidad económica para su familia, y al recordarlo Ilde solloza y nos dice, siento una gran emoción al recordar esos años, es como si estuviese quitando las telas de araña de un baúl que había enterrado durante veintiséis años.
Ilde Mena estudió auxiliarn administrativo en Calañas en 1985 y a finales del año siguiente emigró a Italia en busca de un futuro mejor.
En aquellos años a Italia la llamaban la pequeña América, era la quinta o sexta potencia mundial, el desarrollo te permitía vivir muy bien y había empleo para el 99% de la población.

Una empresa de calzado
Llegué a Italia el 13 de diciembre de 1986 a un pueblo llamado Porto Sant’Elpidio, en la provincia de Fermo, una localidad costera del Mar Adriático, frente a Croacia, con poco más de 25.000 habitantes y cuya principal actividad económica era el calzado. Así que me coloqué en la industria del calzado.
Después del trabajo iba a una escuela para aprender italiano y con ayuda de un diccionario me ponía a traducir documentos. Era terrible, tenía la sensación de ser tonta y muda. Después de seis meses y tras muchos sacrificios empecé a hablar y a escribir italiano y a responder al teléfono. Poco a poco fui introduciéndome en el trabajo de oficina y comencé a utilizar el ordenador, era el año 1987. Mi empresa se dedicaba a la importación y exportación de calzado, ordenaba a las fábricas de Alicante, Elche, Valencia, la Rioja, Burgos y Valverde, elaborar el producto estrella del mercado italiano y luego lo vendía en Italia a precio mucho más elevado. Estuve ocho años en esta empresa como traductora y como responsable del personal, gestión de las facturas, proveedores, representantes y bancos, transportistas, clientes y preparación de las ferias (Milán, Bolonia, Alicante, etc), que se hacían dos veces al año, primavera y septiembre.

Monteleone di Fermo
El 27 de junio de 1992 me casé con Federico Ercoli, un empresario italiano que dirigía una fábrica de mármol heredada de su padre y me trasladé a vivir a Monteleone di Fermo. Un pueblo antiguo, muy bonito y tranquilo, situado en lo alto de una colina verde. Es del siglo XIII, con sabor medieval, fue propiedad del Estado Pontificio y en él habitó gente importante. Tiene castillo, iglesias y una torre de planta hexagonal. Nuestra casa está edificada sobre un antiguo convento de curas del que tan sólo queda una iglesia del siglo XVI que conserva frescos, un Cristo de madera y tallas de época.
Su población alcanza los 435 habitantes y pertenece también a la provincia de Fermo. A pesar de ser un lugar pequeño tiene supermercado, farmacia, ayuntamiento, oficina de correos, dos escuelas, dos bares y un hotel. La ropa de vestir hay que comprarla en otro lugar, pero lo curioso es que los pueblos están muy cerca unos de otros y a veces te das cuenta de que estás en otro pueblo al leer su cartel de información. Mucha gente va andando de un pueblo a otro dando un paseo. Monteleone posee una fábrica de pasta fresca con cien trabajadores, que exporta al extranjero y a toda Italia, y da trabajo al 60% de los monteleoneses.

Hay también una fábrica de miel, otra de queso, una fábrica de calzado y el campo lo trabajan sus propietarios.
La gente aquí tiene un nivel de vida muy alto y poseen buenas casas. Nieva bastante en invierno.
Monteleone tiene una situación geográfica envidiable. A 35 km existen unas playas maravillosas, limpias y depuradas, como las de Porto San Giorgio donde pasamos las vacaciones, un lugar turístico en auge. A 30 km se encuentra la montaña, una buena alternativa a la costa.
Se trata de la cordillera de los Apeninos y sus fantásticas cimas, paisajes que te permiten admirar la belleza de la tierra, con sus lagos, sus altísimos árboles y sus copiosas nevadas en invierno. Allí se encuentra el Parque Nacional de Monti Sibillini con picos de roca caliza superiores a los 2.000 m de altitud y hermosas leyendas paganas, como la del monte Sibilla, una mujer con pies de jabalí que vivía en las cuevas de la montaña.
En la zona abundan las setas pero para recogerlas hay que solicitar un permiso oficial, tras abonar unas tasas.
Familia italiana
Tengo dos hijos italianos, María de 20 años y Arnaldo de 18. La chica acaba este año perito químico y quiere ir a la universidad para ser enfermera. El chico está en cuarto curso de electrotecnia y el próximo año hará la selectividad. Con ellos hablo español, pero últimamente lo escribo poco, me viene el italiano más fácilmente. También tengo un hijo español, Juan José Valls Mena de 32 años, economista, habla tres idiomas y es el responsable del comercio interior y exterior en una cooperativa de fresas en Almonte.
Gastronomía y fiestas
La mayor parte de los pueblos de la región de Marche son pequeños, pero conservan sus castillos. Las casas tienen mosaicos y pinturas romanas en su interior, y las iglesias conservan retablos de los grandes maestros del Renacimiento.
La comida es excelente y muy mediterránea. El pescado, aun siendo igual al nuestro, tiene otro sabor, aunque existen también especies distintas. La cocina marchigiana, como así se llama, es tradicional y ha pasado de generación en generación a través de años de historia. Se hacen muchas fiestas, se danzan los bailes regionales, se come lo típico del lugar, hay también conciertos y se rifan coches y ordenadores. Con el dinero recaudado en las fiestas se pagan los gastos y con lo que sobra se hace un fondo para mejorar la del año siguiente.
En casa cocino pasta italiana en todas sus versiones, también el pescado, carne y las pizzas.
Mis suegros son amantes de la cocina y son muy buenos y de sanos principios, para mí son como los padres que la vida me quitó. He tenido suerte con ellos. A veces preparo platos españoles como la paella, la ensaladilla rusa, tortillas, pimientos encurtidos y la enzapatá. Y he de reconocer que gustan mucho. Me encanta cocinar y ver las caras de mi familia cuando prueban y comen con agrado todo lo que les hago.
Los italianos y el trabajo
Pero no todo son fiestas. Los italianos son muy trabajadores e intentan vivir lo mejor posible. Para ellos lo primero es el trabajo, lo segundo el sacrificio para conseguir una casa confortable, luego la familia y por último la diversión. Al principio, acostumbrada al andaluz que vive otro estilo de vida, me parecía que los italianos estaban siempre enfadados.
Poco a poco comprendí que el carácter tiene que ver con el tipo de vida que llevas, en este caso con mucha responsabilidad y sin preocuparse por tener más que otros.
En el año 2001 empecé a trabajar en un centro de ancianos, enfermos de parkinson y de alzheimer. Hice luego cursos especializados para seguir trabajando en este ramo de la sanidad. El trabajo anterior de administrativa me ocupaba todo el día y no era posible dejar a los dos niños pequeños con mis suegros. En mi nuevo empleo trabajo a turnos y también tengo que ir una noche a la semana, después descanso dos días. El empleo es perfecto, me permite llevar adelante la familia y el trabajo. Sólo los domingos por la tarde puedo colgarme al ordenador.
Despedida
Ilde Mena ha visitado Valverde con sus hijos muchos veranos, la última vez en el 2010. A pesar de llevar veintiséis años en Italia, no olvida a su pueblo. Saludo a toda mi familia y a todo Valverde, finaliza.














