Hoy, siguiendo una expresión muy propia del sur: “porque me da la gana” (aunque a veces irrespetuosa) quiero homenajear a mi amigo por excelencia. Le conozco hace más de sesenta años y siempre, siempre, me es fiel y por supuesto yo a él también.
Aproximadamente 225 años atrás, fue cuando murió mi amigo, pero… a pesar de eso, sigue siendo mi gran amigo. Porque para mí la amistad supera lo meramente sensorial y tangible. La amistad es un nexo etéreo que dura mientras una de las partes siga teniendo neuronas activas a pleno rendimiento y éste, es mi caso por fortuna y de momento.
El me acompaña a diario en mis paseos, esos paseos que hace veinte años me recomendara un médico para combatir un cuadro hipertensivo que por poco me lleva por delante. Su contacto hace que estos paseos sean amenos y agradables, me hace en ocasiones y de forma inesperada porque él, a diferencia de otros, es así, reír; otras veces, me hace pensar en cuestiones trascendentes porque él, cuando quiere, sabe ser el más trascendente del mundo.
Mi amigo, trata igual a los niños que a los mayores porque para él no hay distinciones de edades. Jamás pasa de moda porque es alérgico a las modas, o mejor, yo diría que él es la moda perpetua y hasta estoy convencido de que será, en un futuro muy lejano, la eterna moda.
Muy pocas veces se manifestaba en vida, mi amigo, iracundo y generalmente cuando lo hacía era por motivaciones nobles. Cuando esto sucedía, no tenía miramientos para arzobispos o emperadores y si apuro ni incluso para su padre. Era muy pero que muy humano y nunca escondía su humanidad por falsas apariencias; más de uno, en aras de su propia notoriedad social, lo tildó de niño estúpido y maleducado cuando sus reacciones únicamente denotaban humanidad aunque para ciertos remilgados fueran otra cosa.
Mi estimado amigo, hace muy poco, un conocido me preguntó: ¿qué es para ti el Cielo? Y sin dudarlo le contesté: todos los Adagios que para todos los instrumentos escribió mi amigo. Perdón, para todos los instrumentos menos uno porque no hay duda de que a uno en particular le tenías auténtica fobia y nada te ocupaste de él: la trompeta verdad?... y seguro que tus motivos tendrías.
Por si no lo sabías, hace unos años estuve en tu propia casa, para disfrutar visualmente de algunos de tus enseres favoritos y francamente te lo digo, sentí una gran rabia al comprobar la parafernalia basada en el interés económico que tienen en la ciudad montada tus actuales vecinos con todo lo relativo o perteneciente a ti. Y, pienso: qué contradicciones tiene este mundo!, no te querían ver ni en pinturas y ahora viven (pero que muy bien) a costa de quien les llamaba “catetos pueblerinos”. Todo allí y en sus alrededores, se vende con tu nombre: un pastel, chocolatina, bolso, paraguas, etc.,
Aunque ahora está mal visto, eché un cigarrito disfrutando los jardines del palacio del arzobispo, lugar que frecuentabas dado que tu querido padre y mentor artístico trabajaba a las órdenes de ese impresentable cura al que tú no podías ver y con el que tuviste sus más y sus menos.
A menudo pienso que si vivieras estos tiempos, disfrutarías brutalmente porque hoy hay unos profesionales de la interpretación que incluso a ti, te dejarían “boquiabierto” y ya es decir. Hoy, las antiguas academias que tu padre te gestionaba para darte a conocer a los públicos y a las cortes de toda Europa, se llevan a cabo en espléndidas salas que albergan miles de oyentes, con el consiguiente efecto de mejora en las taquillas pero los artistas de hoy cobran muchísimo más que cobrabas tú y siempre, estos eventos, son deficitarios ante los organizadores. La acústica de estas salas de las que te hablo, es hoy magnífica, hasta el punto que según la obra que se vaya a interpretar pues se manipula para sacarle el mejor rendimiento; y los oyentes son algo más respetuosos que lo eran contigo; no obstante también tengo que decirte que los he sentido roncar en pleno acontecimiento musical.
Pero, si volvieras, con lo que más alucinarías sería de seguro con la puesta en escena de tus famosas óperas. No te puedes imaginar como se trabaja hoy detrás de los telones: efectos, luces, sonido, figurantes, vestuarios, etc., etc., pero dentro de este campo, una de las cosas que más te sorprenderían serían no ya las buenas voces que existen sino las excelentes interpretaciones que hacen de los diferentes personajes, dotándoles de una credibilidad y con una naturalidad que como tu sabes antes no existían porque antes y lo sabes bien, eran meras estatuas en los escenarios que cantaban bien pero que no decían al público nada de nada y por tanto la historia carecía de la verdadera fuerza que la hace viva.
Bueno, mi estimado amigo, te voy a tener que dejar por hoy; sabes, hoy ocurre una cosa que en tus tiempos no ocurría: el personal hoy no quiere leer nada más que los titulares grandes o pequeños mensajes que están muy de moda y que hasta están siendo sustituidos por símbolos como si estuviéramos en tiempos de los egipcios por ello si sigo nos abandonarán pero, no te preocupes que como buenos amigos que somos volveremos a darle la lata a estos maravillosos amigos que nos leen a pesar de los tiempos tan veloces que nos imprimen.
Ah, que se me olvidaba, sabes que con tus obras han hecho muchos experimentos: que si las plantas crecen más y mejor, que si las vacas oyendo tus obras dan más leche, etc., pues sabes la última: han experimentado con qué tipo de música, en restaurantes de élite, gastan más los clientes y el veredicto ha sido que contigo o mejor con tu música, se dejan la cartera totalmente vacía que es en definitiva lo que quieren los dueños de estos lugares.
Por último, amigo, hay por aquí un señor que escribe poesías y las musicaliza algunas de ellas con buen arte; bueno este hombre se llama Joaquín Sabina y me gustaría terminar esto a su modo, me explico: el tiene una canción que se hizo muy famosa y que se llama Pongamos que hablo de Madrid.
Pues yo, en este caso, diría: PONGAMOS QUE HABLO DE MOZART.
José Manuel Macias Romero
Verano 2016







