MÁS DE MEDIA VIDA PENDIENTE DE UNA OBSESIÓN
“ Cuando una obsesión se ve reforzada por una gran voluntad y ambas concurren en una misma persona, el éxito puede ser su mejor garante.”
(Anónimo)
En los tratados de psicología la obsesión casi siempre aparece teñida de connotaciones negativas, algo así como si de un agente tóxico se tratara y del que únicamente se desprenden aspectos negativos.
Para mi, es una visión muy excluyente de este concepto y por tanto opino que por parte de los muchos cualificados investigadores del ramo, merecería un estudio más pormenorizado para ser ecuánimes y justos con ella. Puede que existan estos estudios pero por ahora los desconozco.
Precisamente hoy y a este propósito, traigo un caso que en su día y como se dice ahora, hizo correr ríos de tinta en los periódicos del mundo y que se resolvió satisfactoriamente para el protagonista del mismo.
Todos sabemos, por propia experiencia a veces, que la obsesión anida en cualquier lugar y momento, y, así de simple fue para Gilbert Kaplan quien en 1965 asistió en Nueva York (Carnigie Hall) a un concierto que dirigía el en aquella época famoso Leopold Stokowski cuyo programa lo integraba la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler llamada “Resurrección”.
Y, estas fueron textualmente las palabras de Kaplan una vez finalizado el evento: “ Entré en la sala siendo una persona y salí de ella siendo otra distinta.”
Cuántas personas se expresan de similar forma a Kaplan cuando se trata de Mahler!

Esa tarde-noche neoyorkina, a sus 23 años, recibía el impacto de un “amor a primera vista” llamado “Resurrección” de la mano de Gustav Mahler Gilbert Kaplan dirigiendo la única obra a la que fue fiel toda su vida la segunda de Mahler.
Motivado por dar cumplimiento a su poderosa obsesión y reforzado por una gran voluntad, comenzó a recibir clases de dirección de orquesta y estudiar en exclusividad la sinfonía objeto de su obsesión.
En 1982 concretamente el 9 de septiembre, propiciado por su más que saneada economía, arrienda la sala de conciertos de la Filarmónica de Nueva York para anunciarse y dirigir personalmente la Sinfonía Resurrección con la Orquesta Sinfónica Americana, la misma que con Stokowski le despertó del interés-obsesivo por el compositor vienés (G.Mahler).
Para los más curiosos, existe en youtube vídeo de 9 minutos y 13 segundos de duración recogiendo el evento; personalmente, el visionado no me aporta nada pero claro… los tiempos eran otros!
No obstante hay que reconocerle su mérito y por consiguiente su valor: de la nada, a dirigir una obra de esta envergadura con (orquesta, voces solistas y coro) tiene su peso en oro.
Y, así fue pues al poco tiempo realizó una grabación esta vez con la Sinfónica de Londres consiguiendo unas ventas fuera de lo corriente en las fechas.
Su carrera como Director-Aficionado, se limitó exclusivamente a esta obra, bueno, tuvo una pequeña “infidelidad” al dirigir una vez el famoso Adagietto de la Quinta también de Mahler, pero llegó incluso a grabar también la Resurrección, nada más y nada menos que con la Filarmónica de Viena.
En 1996, fue contratado por el Festival de Salzburgo y se dice que al final del concierto (naturalmente Resurrección de Mahler) estuvo diez minutos en escena recibiendo aplausos del respetable.
La fiebre Kaplan fue tan notoria en la época, que hasta una ciudad de mediana relevancia musical como Sevilla, se permitió en 1997 contratarlo para interpretar su versión de Mahler que tuvo lugar en el Teatro de la Maestranza los días 11 y 12 de septiembre.
Y, fue tan grande su amor a Mahler que usó sus acaudalados recursos económicos para crear una Fundación Mahler con sede en Londres cuyos objetivos fundamentales eran difundir el legado mahleriano así como ayudar con becas a las jóvenes promesas musicales del mundo.
Murió el primero de enero del presente 2016, conmoviendo al planeta con una obsesión cumplida harto disfrutada además: convertirse en un experto en la Segunda de Mahler aunque para ello tuviera que empeñar más de media vida y abandonar su vida de millonario dedicando los recursos a este proyecto.
Este vivo ejemplo, me da alas para pensar que ciertas obsesiones, pueden transformarse mediante un proceso de sublimación (alumnos de Freud son los defensores de esta teoría) en energías muy positivas para afrontar y sacar adelante proyectos de altos vuelos como los que tienen que ver con las artes.
Conclusión final y personal: puede haber aristas positivas en un proceso obsesivo, todo consiste en saber manipularlas correctamente sin dejar de reconocer que no es un terreno fácil.
José Manuel Macías Romero
Verano 2016.







